Festivales de los últimas tribus indígenas

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Rituales Sagrados
Rituales Sagrados

Muchas tribus viven sus vidas a través de sus rituales. Hay rituales que se celebran en honor de las tierras, sustento de los pueblos indígenas y tribales, y de los espíritus que los protegen. Estos marcan el paso de las estaciones, la fertilidad de los cultivos y los ciclos de la vida humana.

Los rituales se utilizan, entre otras cosas, para purificar la tierra, asegurar que el sol siga su curso, ayudar al derretimiento de la nieve para irrigar los cultivos y al éxito de las partidas de caza amazónicas. La inevitable pérdida de sus tierras conlleva la pérdida de sus medios de subsistencia, pero también la pérdida de la base de su identidad como pueblos y de su inspiración para las celebraciones.

Cuando a los pueblos indígenas y tribales se les priva de las tierras que inspiran sus canciones, sus bailes, sus mitos y sus memorias, sufren una profunda depresión. Sin sus hogares, el tejido de su identidad se desmorona.

Los enawene nawes son expertos pescadores. Con las primeras luces del alba, hombres enawene nawes del estado de Mato Grosso, en Brasil, se reúnen frente al haiti, la casa de las flautas sagradas. Acaban de regresar de sus campamentos en la selva para celebrar la más importante ceremonia de pesca del año: el banquete Yãkwa. Es uno de los pocos pueblos indígenas del mundo que no come carne roja.

El banquete Yãkwa consiste en un intercambio de comida de cuatro meses de duración entre los enawene nawes y los espíritus ancestrales amenizado por bailes y cánticos al son de la flauta. Los yakairiti o espíritus del infierno son los dueños de los peces y de la sal, y prometen un fatal destino a la tribu si esta agota los recursos naturales.

Durante los últimos años, sin embargo, la tribu ha tenido problemas para celebrar el Yãkwa debido al declive en la pesca, consecuencia de la deforestación y de la construcción de presas hidroeléctricas. Recientemente la UNESCO ha hecho un llamamiento para que se proteja con urgencia el ritual Yãkwa, considerado como patrimonio cultural intangible.

Los indígenas awás de Brasil viven en las selvas ecuatoriales de la Amazonia, en el oeste, y en las sabanas del este. Durante su ritual de luna llena, los hombres abandonan la Tierra para adentrarse en el iwa, el dominio de los espíritus. Con su oscuro pelo adornado con plumas de zopilote real, los hombres entran en comunión con los espíritus a través de un trance inducido por los cánticos. Este ritual sagrado dura hasta el amanecer.

La selva de los awás está desapareciendo más rápido que la de cualquier otra zona indígena en la Amazonia brasileña. Más del 30 por ciento de uno de sus territorios ya ha sido arrasado para dejar paso a las haciendas ganaderas. En este proceso los awás han sido también testigos del asesinato de su gente a manos de los karaís o no indígenas. Un juez federal de Brasil ha descrito la situación de los awás como un genocidio.

Los awás son uno de los últimos pueblos indígenas aislados del planeta. Como nómadas, llevan con ellos las cosas que necesitan cuando se trasladan: arcos y flechas, niños, mascotas. Todo proviene de la selva: los cestos hechos con hojas de palma, los aros de liana que usan para trepar a los árboles y la resina que queman para alumbrarse. Hoy en día son la tribu más amenazada de la Tierra.

Cuando el aire se llena del polvoriento olor de la cúrcuma y las mujeres jóvenes han teñido sus brazos de amarillo es que ha llegado el momento de una boda dongria kondh. Las colinas de Niyamgiri son una zona de frondosos bosques, profundas gargantas y bellas cascadas en el estado de Odisha, en el este de la India. La región es el hogar de la tribu dongria kondh, cuya supervivencia depende de su simbiótica relación con su entorno natural. Los dongrias veneran al dios de la montaña Niyam Raja Penu, y a su trono en Niyam Dongar, la Montaña de la Ley, de 4.000 metros de altitud.

Durante los festivales de la cosecha, los dongria kondhs sacrifican búfalos para su dios mientras un hombre sagrado corre sobre carbones ardiendo. Su modo de vida está amenazado por la empresa minera Vedanta Resources, que está decidida a extraer bauxita de las colinas de Niyamgiri. La mina a cielo abierto dinamitaría la cumbre de Niyam Dongar, destruiría los bosques de Niyamgiri, perturbaría el curso de los ríos y acabaría con los dongria kondhs como pueblo floreciente.

Los festivales tribales también rinden homenaje a los diferentes ciclos de la vida humana. La sociedad masái se organiza en grupos de edad masculinos, cuyos miembros deben superar ritos de iniciación para convertirse en guerreros, y más tarde ancianos. En esta fotografía, un joven masái toca el cuerno de un gran antílope kudu para la ceremonia de transición de adolescente moran a adulto. La ceremonia consiste en varios días de cantos y danzas.

La tribu masái es desplazada de sus tierras en Tanzania a causa de la instalación de explotaciones agrícolas privadas, proyectos gubernamentales, parques naturales o concesiones de caza privadas. “Nuestros antepasados lideraron a nuestro pueblo más allá de los horizontes más lejanos. Su fuerza y poder se ve en nuestras leyendas. No debemos seguir el camino de aquellas razas de hombres que han desaparecido de la faz de la tierra. Nos respalda nuestra cultura, y nuestro coraje, orgullo y noble verdad”. Lemeikoki Ole Ngiyaa

En Etiopía, un hombre hamar debe correr cubierto de excrementos sobre una fila de ganado antes de casarse. El rito consiste en pasar por encima de hasta 30 cabezas de ganado cuatro veces sin caerse. Si lo consigue, el hombre se convierte en maza: hombres que han superado con éxito este rito de paso.

El mundo de los espíritus es parte fundamental de muchas sociedades indígenas. Los chamanes yanomamis (xapiripë thëpë) están guiados por espíritus (xapiripë) y por la sabiduría de sus ancestros. Controlan las tormentas y advierten a los vientos, evitan que el cielo se caiga, garantizan el éxito en la caza, curan enfermedades y expulsan a los espíritus hostiles.

La mayoría de los rituales yanomamis están floreciendo a pesar de estar gravemente amenazados. La invasión de la minería de oro les ha expuesto a violentos ataques durante años. Las autoridades apenas han actuado para resolver estos problemas. La tribu se ve amenazada además por ser el último foco en el mundo de la oncocercosis o “ceguera de los ríos”, una enfermedad causada por un gusano al borde de la exterminación.

La danza es una vibrante expresión de las creencias espirituales de los pueblos indígenas y tribales. En los estrechos valles del Hindu Kush, en Pakistán, el pueblo kalash celebra el solsticio de invierno con el festival de choimus, en el que las jóvenes bailan alrededor de hogueras mientras cantan himnos al espíritu de Balomain y ofrecen alimentos de temporada a sus ancestros.

Cuando los pueblos indígenas y tribales son expulsados de sus hogares, cuando sus tierras son destruidas en nombre del “progreso”, su sufrimiento salta a la vista. El alcoholismo, las enfermedades crónicas, la mortalidad infantil y el desempleo son las consecuencias de la imposición de la sociedad moderna. “He construido mi hogar sobre la tierra y mis hijos y nietos son felices a mi alrededor. He construido mi iglesia sobre la tierra y nuestros pies descalzos la han endurecido con nuestros bailes”. Akawaio, Guyana.

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