Sunday, October 2, 2022
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Las consecuencias que tendría convertir el Sáhara en una gigantesca granja solar

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La realidad es que no es tan beneficioso como parece. Los efectos más inmediatos pasan por calentar aún más el medio ambiente. Eso se debe, en parte, a que los paneles solares convierten en electricidad solo el 15% de la energía que reciben

Los desiertos más imponentes del mundo, el Sáhara, el desierto de Gobi, el de Arabia o el desierto de Kalahari, podrían ser los mejores lugares de la Tierra para recolectar energía solar, la fuente de energía más abundante y limpia que tenemos. El suministro de luz solar de los desiertos es muy abundante. Hasta aquí, todos estaríamos de acuerdo.

¿Seguro que es un lugar ideal para poner paneles solares?

Según el físico alemán Gehrard Knies, en solo seis horas los desiertos de todo el mundo reciben más energía solar (173.000 teravatios) de la que consumen los humanos en un año. Además, son zonas con pocas precipitaciones, mucha superficie sin obstáculos, relativamente plana, con escasa o nula cobertura de nubes, vida silvestre y población humana insignificantes… Todas estas características parecen apuntar a que es el lugar perfecto para ‘plantar’ una granja solar, una fuente de energía limpia y sostenible para satisfacer la demanda energética actual del mundo. Pero…

Convertir el Sáhara en una granja solar acabará teniendo efectos adversos en el clima global

Si bien los paneles solares en el Sáhara (u otros desiertos del planeta) podrían impulsar la energía renovable, dañarían al mismo tiempo el clima global. Y es que, a pesar de que las superficies negras de los paneles solares absorben la mayor parte de la luz solar que les llega, solo una fracción (alrededor del 15%) de esa energía entrante se convierte en electricidad. El resto se devuelve al medio ambiente en forma de calor.

Causándole más problemas al medio ambiente

¿Qué pasaría? Con estas plantas de energía solar, estaríamos contribuyendo enormemente al cambio climático aportando esta dosis extra (y extrema) de calor, porque los desiertos cubren áreas extensísimas y el calor re-emitido desde una zona de este tamaño será redistribuido por el flujo de aire en la atmósfera, lo que tendrá efectos regionales e incluso globales sobre el clima.

Así, la energía que los paneles solares no pueden convertir en electricidad se devuelve al medio ambiente en forma de calor. Y debido a que los paneles solares son más oscuros que la arena, absorben, y, por lo tanto, liberan mucho más calor que la arena del Sáhara, porque la arena es mucho más reflectante que los paneles solares (la arena posee entre 15% y 45% de albedo). El albedo es la medida de la porción de energía solar reflejada por el suelo. Este calor devuelto crearía una diferencia mucho más marcada entre el Sáhara y los océanos que lo rodean. Generaría un círculo vicioso de aumento de temperatura.

Por ejemplo, es importante recordar que el Amazonas es fertilizado por el polvo que sopla sobre el Atlántico desde el Sáhara, y el calor del Sáhara impulsa su lluvia constante a través de los vientos del Atlántico. Si eliminásemos el polvo atmosférico y enfriáramos el Sáhara (con lo que podría contar con más lluvia y transformar el Sahara en un ambiente verde y exuberante como lo fue en el pasado, lo que reduciría aún más el albedo, ya que las plantas absorben la luz solar mejor que la arena), podríamos llegar a provocar el colapso del Amazonas.

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