Wednesday, October 5, 2022
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Las supersticiones nos han hecho sobrevivir hasta hoy

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Los gatos negros, el pasar por debajo de una escalera o el no muy bien ponderado número 13 son parte del folklore de nuestra civilización en lo referente a supersticiones. Muchas personas prestan notable atención a sus comportamientos basados en ellas, y muchos otros, aunque renieguen de ser supersticiosos, seguramente eviten pasar por debajo de una escalera si se les presenta la oportunidad.

¿Pero desde cuándo el respeto por esta serie de creencias forma parte de nuestro comportamiento cotidiano? Las respuestas están una vez más en la teoría de la evolución, y la creencia en supersticiones nos ha evitado unos cuantos problemas a nosotros en tanto humanos desde períodos prehistóricos.

Kevin Foster, evolucionista biológico de la Universidad de Hardvard ha propuesto una más que interesante teoría que incluye a las supersticiones en la lista de elementos que propiciaron la supervivencia de nuestra especie.

Trasladémonos unos miles de años atrás. Un grupo de cazadores homo sapiens están recorriendo la pradera en busca de algún fruto. De repente se escucha un ruido a pasto crujiente. Sus creencias les hacen presumir que se trata de un depredador (vinculando la causa “pasto crujiente” con el efecto “peligro de muerte”) y huyen.

A medida que fuimos evolucionando las experiencias de este tipo nos han permitido decantar las supersticiones falsas de las más próximas a la realidad, y si tomamos en cuenta que antes de que existiera la ciencia moderna (e incluso miles de años antes de Platón o Aristóteles) la visión del mundo no pasaba por lo real y contrastable empíricamente, sino que por un conjunto de creencias que condicionaban el comportamiento humano, la importancia de las supersticiones en la vida cotidiana es fácil de adivinar.

De esta manera nuestra especie ha ido seleccionando las supersticiones más factibles de concreción de las menos probables y ajustando sus comportamientos en función de los peligros implícitos en ellas. Es fácil decir que uno no es supersticioso, pero con creencias de ese tipo tan inculcadas en nuestra naturaleza creo que es más factible serlo que no serlo.

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