Sunday, October 2, 2022
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Turkmenistán quiere apagar la «Puerta del infierno»

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Ubicado en el desierto de este país, el cráter o pozo de Darvazá arde a causa de un accidente al perforar en busca de gas (la zona es muy rica en combustibles fósiles). Todos los métodos, hasta el momento, han sido inefectivos

La “Puerta al Infierno” de Turkmenistán es una auténtica maravilla de la naturaleza. Ubicada cerca de Derweze Village en el desierto de Karakum a unos 260 kilómetros de Ashgabat, la capital de Turkmenistán, es uno de los lugares más peligrosos del mundo por su reserva de metano que lleva ardiendo, incansablemente, desde la década de 1970.

Turkmenistán es una de las cinco repúblicas litorales del Mar Caspio, un territorio con enormes volúmenes de reservas de petróleo y gas natural, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Los orígenes

Este pozo nació -según la historia más extendida- de un accidente de perforación de combustible fósil soviético. Con la perforación golpearon una cámara de gas que provocó el colapso de la plataforma y de la superficie de tierra en la que se encontraba, campamento incluido. Solo quedó un enorme cráter expulsando metano. Los ingenieros decidieron entonces prender fuego al cráter para evitar que los gases tóxicos se propagaran, esperando que el fuego ardiera durante unas pocas semanas, aproximadamente. Pero está claro que subestimaron la cantidad de combustible que se hallaba bajo sus pies, pues ahí sigue. Más de 50 años después, el pozo con 69 metros de ancho y 30 metros de profundidad, continúa ardiendo. La superficie total de la popular zona es de 5.350 m2, el tamaño de un campo de fútbol americano.

Sin embargo, hay investigadores que afirman que no existen documentos que avalen esta versión y que la verdad es que se desconoce cómo empezó todo.

El pozo de Darvazá tiene el tamaño de un campo de fútbol y, desde 2009, sobre todo gracias a la difusión de este emplazamiento en redes sociales, se convirtió en una importante atracción turística de este país de Asia Central.

La primera persona que entró en el cráter de Darvaza fue George Kourounis, un aventurero canadiense, que comandaba una expedición patrocinada por National Geographic. Fue en el año 2003. Kourounis declaró, en una entrevista al mismo medio, que se preparó físicamente durante un año y medio antes de estar en condiciones de adentrarse en el ardiente pozo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Kourounis, una vez concluida la expedición, afirmó que el cráter era como un “coliseo de fuego”.

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