Sunday, October 2, 2022
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Un enfoque científico de la política: Los líderes carismáticos como psicópatas superhormonados

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La búsqueda del poder es un tema que ha sido, durante años, estudiado por la ciencia. ¿Qué es lo que mueve a determinadas personas a buscar el poder sobre los otros? ¿Qué caracteriza a los líderes políticos? Y aún más importante, ¿los líderes son producto de una construcción social o fruto de una determinada configuración biológica?

Los estudios más recientes tienden a inclinarse por la segunda posibilidad, la de los líderes genéticos. En primer lugar, el poder exige un importante componente de lucha y de dominio. Una dotación elevada de testosterona y otras hormonas sexuales masculinas, son componentes fundamentales del complejo entramado de hormonas, neurotransmisores, neuronas y componentes del aspecto físico, que potencializan las capacidades de liderazgo.

El carisma de los líderes se identifica con la capacidad de estos de diferenciarse del resto, de elegir un camino propio y arrastrar detrás de sí una masa de seguidores que imiten su comportamiento. Este fenómeno se asocia con un bajo nivel de neuronas espejo, aquellas que nos permiten aprender a partir de la imitación del comportamiento ajeno. De ahí su característica frialdad y su falta de empatía. No imitan al resto, pero sí, el resto los imita a ellos justamente por ser diferentes.

Es así que el líder será más carismático cuanto más antisocial, cuanto más psicópata sea su personalidad. Y es que el psicópata desarrolla una capacidad de encanto, de poder manipular maquiavélicamente a un individuo haciéndole pensar que el fin último es su bienestar. Mientras que en la población general, el número de sicópatas oscila entre el 1 y el 2%, en los sectores políticos ese porcentaje se dispara a entre el 5 y el 10%.

La respuesta del público ante un discurso político tiende a ser más emocional que racional. La gente en general (y por desgracia) no elige su candidato mediante un proceso de ponderación lógico-racional, sino por cuestiones afectivas, de conexión emocional que trascienden toda lógica y los inhibe de ver contradicciones en sus discursos.

Triste, pero cierto.

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